miércoles, 1 de junio de 2011

PRIMER CAPÍTULO DE KOPI LUWAK (Me gustaría saber la opinión de los lectores)



Kopi Luwak
(Querida)


2004
Gran Canaria
I
Copiando a Galdós



Los ociosos caballeros y las damas aburridas que me han leído o me leyeren, para pasar el rato y aligerar sus horas, verán con gusto que en esta página todavía blanca pego la hebra de mi cuento, copiando a Galdós1, diciéndoles que todo empezó de nuevo cuando volví a probar kopi luwak.
El aroma llegó a mi memoria antes que el café a la taza. Una nube de efluvios despertó mi recuerdo aletargado, puso en alerta mis sentidos y erizó mi piel trayendo recuerdos oscuros. Estaba en la inauguración de una exposición de cuadros, cansada de tanto besar el aire vacío al lado de mejillas resbaladizas y de estrechar manos tibias de gente fría. Me dolían los tobillos de los tacones que llevaba lustros sin usar y, después de un par de horas de teatro, ya no era capaz de repetir palabras corteses entre los canapés y el cava.
Luis María me había invitado, argumentando que todavía estábamos casados y un buen candidato a la alcaldía necesitaba una esposa a su lado en determinadas circunstancias. Algo me había contado acerca de un empresario catalán que le había hecho un encargo, para hacerle un retrato de su mujer o algo parecido, de la importancia de la buena imagen para su futuro político y de las zarandajas habituales. Entre la cháchara hueca me soltó: “Vendrán algunos inversores extranjeros; así podrás practicar tus idiomas. Quizás nos seas de utilidad para construir ese campo de golf en los Tableros del Marqués por el que tanto hemos luchado“. Sabía mi marido de mis gustos lingüísticos y cómo incitar mis intereses cada día más dormidos.
Al final me decidí a ir al Sur, a la enorme sala de exposiciones frente al mar de Mogán. Luis María podría ser muchas cosas, pero seguía teniendo buen gusto y cada vez le quedaban mejor los salones de los hoteles llenos de cuadros pintados con la mano experta de un amanuense que copiaba fotos. Además, hacía tiempo que no sacaba el viejo BMW 2800 de mi padre del garaje y un paseo nos vendría bien a ambos.
Ahora le había dado por la política, participando activamente en un partido: el Grupo de Vecinos para la Administración de Mogán (GRUVELAMO), socio fundador de las Asociaciones Canarias Independientes (ASOCAI).
No sé cómo le daba tiempo para combinar su estudio de diseño, la política, la pintura y la conquista de jovencitos. Pero lo cierto es que parecía irle bien en casi todo, exceptuando en que tenía que pagar cada vez más a sus consentidos por favores que antes conseguía libremente.
“Sí, Cándida, el empresario catalán Rubinat Ferragut, me ha hecho el encargo de retratar a su santa esposa. Se va a sorprender cuando vea el tríptico que le he preparado. Te va a sorprender incluso a ti”. Me resonaban sus palabras mientras conducía rumbo al sur oyendo la guitarra electrificante de Jimi Hendrix en la vieja cassette de ocho pistas del coche, recordándome la época hippy de mi padre.
El hotel estaba situado en una ladera excavada en los farallones cortados sobre el mar de Mogán. Habían volado las coladas basálticas de la serie original paleocanaria para construir un extraordinario edificio suspendido sobre el Atlántico. Había jardines colgantes entre las terrazas abalconadas, como si fuera una nueva Babilonia. El hotel disponía de una piscina asomada al océano, donde los bañistas tenían la impresión de nadar sobre el horizonte.
Cuando llegué, el sol estaba ocultándose más allá de la costa oeste de Gran Canaria, señalando el camino hacia occidente. En lontananza se divisaba la silueta nevada del Teide. Entré al vestíbulo del hotel, decorado con algunos de los muebles orientales que yo misma les había vendido, cruzando en dirección a la sala donde mi marido inauguraba su exposición, frente a los enormes ventanales abiertos al mar.
El lugar estaba lleno de los nuevos ricos del sur: empresarios de la construcción, acostumbrados a allanar barrancos y voluntades para sus negocios; políticos y constructores de Mogán y San Bartolomé, salidos de mociones de censura y escisiones de partidos ya inexistentes, que se habían enriquecido facilitando urbanizaciones que ascendían por laderas y tableros. Muchos estaban acompañados por sus esposas, algunas tan incómodas en sus vestidos de fiesta como yo.
Estaban sirviendo el café cuando llegó el momento esperado. Luís María se apostó delante del cuadro cubierto por un delicado paño de terciopelo negro y, con un gesto amanerado, descubrió de golpe el cuadro: ¡un doble escalofrío corrió por mi columna vertebral cuando reconocí la estela de madera labrada de la tribu materna de Sumba y el sabor del café! Tenía un buche cálido en la boca que me impedía articular palabra, con los sedimentos asentándose todavía en mi paladar. La sensación fue demoledora: ¡era, sin duda, kopi luwak!2
La señora de Rubinat Ferragut aparecía pulcramente retratada, sentada en una elegante silla filipina de la etnia de los ifugaos, que me resultaba muy conocida; pero ahí no paraba mi asombro: detrás de la señora peinada a la moda de los años ochenta había una estela funeraria de la isla de Sumba que me transportó a los Países Bajos de mi pasado.
El tríptico mostraba a la estirada señora de la burguesía catalano-mallorquina con su frente despejada y, enseñando a cada lado, los perfiles levantinos de su rostro, iluminados por la depurada técnica de reproducción retroproyectada de Luis María.
-¿De dónde has sacado el café? ¿Dónde están la silla y la tabla que aparecen en los retratos? –acerté a preguntarle atropelladamente a mi marido, presa de temores que había olvidado.
- Olvidé decírtelo. Lo siento, querida. Te llegaron hace unas semanas junto con otros enseres y unos cuantos paquetes de ese café tan bueno. Te los remitieron desde Amberes, un despacho de abogados o de notarios; no sé. Me imaginé que eran recuerdos de tu época del exilio y que ya pasarías a buscarlos.
- ¿Cómo dices? Me llegan unos muebles y no me dices nada. Quedamos en que no habría mentiras ni ocultamientos en nuestro acuerdo.
- Lo siento. Pensé que estarías al tanto del envío y que ya vendrías a por ellos. No le di mucha importancia en estos tiempos de locura en los que vivo. Me parecieron bonitos y los usé como fondo para retratar a la Ferragut; y en cuanto al café: pensé que era algún encargo tuyo a unos de esos coffee-shops3 de Ámsterdam. Por cierto, había un sobre adjunto al envío.
Luís María había despertado, sin saberlo, los recuerdos latentes de una época de mi vida de la que había huido aterrada. Pintaba mi marido a base de fotos proyectadas sobre lienzos cuadriculados y los copiaba con particular habilidad. Simplemente había compuesto la escena, sentó a la señora en la silla y le puso como fondo la estela de la isla de Sumba. Después había sacado una foto que copió en el lienzo cuadriculado. Y el kopi luwak ¡qué sacrilegio! Lo había usado para toda aquella caterva.
La inconsciencia de Luís María había introducido elementos del pasado que quería olvidar en mi presente. Mientras los ecos de las conversaciones de la fiesta se apagaban a mi espalda, salí despavorida en dirección a mi coche, llevando en la mano un sobre lacrado de un despacho de abogados de Amberes: Ruud De Ruyter, Procurateur en Advocaat ponía el sello.
Salí de aquella sala, del hotel y de los vericuetos de las urbanizaciones del Medio Almud. Cogí el coche y enfilé la vieja carretera hacia el pueblo de Mogán, recorriendo los acantilados cortados sobre el mar. La noche estaba iluminada por una luna llena que salía del océano rielando el mar en calma. Era el contraste que necesitaba mi alma temblorosa.
El sobre sólo podía significar algo: Sumba había muerto.


1 Pues sí, la entrada es de don Benito Pérez Galdós. Relean sus Episodios Nacionales, por favor, que parecen tan actuales como el maestro.
2 No se impaciente el amable lector. Ya sabrá qué es kopi luwak un poco más adelante.
3 Coffee-shops, establecimientos legales de los Países Bajos; que no venden café, por cierto.

2 comentarios:

Jenni Hymoff dijo...

Soy parcial, me gusta todo lo que escribes y más aún cuando lo sitúas en lugares que me importan. ¡A ver dónde consigo el libro (seguro que se censurará en este municipio, jajaja) para enterarme como sigue.......! I'm in suspense.....

Antonio Cabrera Cruz dijo...

Jenni,
Presentaré el libro (si nadie me lo impide) el jueves 16 de junio en el Gabinete Literario a las 20 horas. No sé si ya está por las librerías pero me gustaría saludarte y firmarte el libro. I am sure the book will keep you in suspense the whole way to the end... 418 pages later.