viernes, 11 de noviembre de 2011

CUANDO EL TONTO COGE LA LINDE; SE ACABA LA LINDE Y EL TONTO SIGUE

A propósito de la Cultura


No necesito subvenciones, no necesito prebendas, no necesito que Paulino o (González-)Sinde me regalen, me remilguen o me compren. Para escribir sólo necesito la ominosa soledad del orfebre, el aterrador vacío de la hoja en blanco, mis fantasmas y la inspiración que me dan para escribir. Ni siquiera me planteo si lo que hago es cultura. Escribo porque lo necesito tanto como respirar.

Me basta ver amanecer cada día, observar a los seres humanos y meditar sobre las contradicciones entre las que vagamos. Soy un mero “voyeur” que olisquea lo que pasa por sus alrededores, lo miro, lo tomo, lo lamo y lo degluto para después verterlo en algún relato oscuro o conservarlo en salmuera hasta que pueda cocinar algo más apetitoso como una novela.

Hace tiempo que dejé de preocuparme por el destino de lo que escribo. Escribo porque es una estrategia de supervivencia, una mera táctica para sentirme con un hálito de vida a diario.

Siempre escribí, incluso en los tiempos de peor zozobra. Por el camino hay escritos perdidos en discos duros obsoletos, en cuartillas amarillentas y en libretas arrugadas. Tengo tres libros editados y una novela en ciernes, en la que trabajo mientras no la escribo. Me gano el pan como maestro de escuela (a mucha honra) y el vino con la literatura.

Previamente y durante casi una década fui el secretario general de la FETE-UGT en Gran Canaria y casi me desangré, peleando entre las lindes y las lides de la educación, la cultura,  la política y lo sindical. De allí sólo me traje retratos humanos y algunos amigos. Vi traiciones y vilezas, junto a algunos altruistas e idealistas que creían en lo que hacían. Encanecí en esos años, evitando encanallarme, evitando encallarme.

Belén me rescató del naufragio de la buena lid donde estaba, permitiéndome alcanzar la orilla, más allá de la linde. Ahora que se desmorona el estado de bienestar, los políticos cortan los dineros que dedicaban a la cultura, siempre en la linde, siempre al límite. A los creadores de la cultura no les debe importar: ese es su hábitat natural, la selva.

La crisis es buena ocasión para la reflexión en el caos y a mí me gusta la frase de Henry James, escrita en el prefacio de la obra de José Donoso, “El obsceno pájaro de la noche”: “La herencia de aquellos que son capaces de vida intelectual es una indómita selva donde  aúlla el lobo y chilla el obsceno pájaro de la noche.”

Reivindico esa herencia como propia. Además no quiero ser el tonto que sigue empeñado en una linde fantasmagórica. No necesito subvenciones ni paulinos.

2 comentarios:

Leonilo dijo...

Totalmente de acuerdo con tu reflexión. Acaso porque también surque por esas mares ora en calma ora turbulentas. La cultura, sin lugar a dudas es mucho más que esas migajas con las que el poder nos organiza la alimentación de nuestro espíritu. Fruto de ello son los sabios paniaguados con estómagos agradecidos que incrementan en ocasiones las calderas del dogmatismos. Un abrazo y a la espera de tu siguiente entrada

Antonio Cabrera Cruz dijo...

Gracias, Leonilo. Nadie entiende mejor a otro que aquel que ha pasado por los mismos senderos y se ha resbalado en las mismas piedras.
Y se ha vuelto a poner en pie...