miércoles, 21 de mayo de 2008

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "ELCABOZO VOLADOR" DE JOAQUÍN NIETO REGUERA

Ayer tuve el honor de presentar el nuevo libro de Joaquín Nieto. Les incluyo el texto. El cabozo volador y los viajes de iniciación.



Conozco a Joaquín Nieto Reguera desde hace mucho tiempo ( www.joaquinnieto.es ), Lo conozco antes de que a mí me creciera barba y él se cortara la barba y los pelos largos que lo convertían –casi- en la imagen rediviva de Sandokán mientras andaba por los mares del sur de la Gran Canaria a finales de los años setenta. Yo era un adolescente que estaba estudiando Magisterio y Joaquín ya ejercía el suyo por el municipio de Mogán.

Me parece recordarlo, con el pelo negro azabache que le caía hasta los hombros, barba de aquel que pasa mucho tiempo al aire libre. Era Joaquín un joven inquieto que se apasionaba por las cosas que emprendía: primero su familia, su mujer y sus hijos, luego el magisterio, siempre el magisterio; sin olvidarse de los amigos, amigos de todas clases y condición –lo he visto, por ejemplo, jugar al fútbol con la mayoría de los jugadores de la Unión Deportiva de aquella época, los Brindisi, Morete, Carnevalli, he sido testigo, entre otras “aventuras”, de expediciones de pesca con los marineros de Arguineguín, de tertulias con turistas italianos o suecos, de…

En fin: permítanme que sea discreto y no revele mucho más en este acto de aquella época.

Desde entonces he tenido el honor y el placer de ser amigo de Joaquín. Ha llovido mucho por los barrancos del Oeste de la Isla y tras más de treinta años nuestros caminos han tenido paralelos y confluencias. Nos hemos alejado geográficamente por esos giros que tiene la vida, pero nunca hemos abandonado nuestra amistad, a la que le bastaba un saludo o un café apresurado, después de años, para volver a revivir.

Este de hoy es una maravillosa confluencia. Joaquín me honra con el privilegio de que sea yo quien presente su libro “El cabozo volador”. Lo leí con el triple placer de ser escritor, maestro y amigo, de considerarme compañero de viaje en esta nave sideral que es el planeta, de considerarme marinero del mismo barco donde Joaquín también navega, de ser honrado por que me eligiera para presentarle este libro.

Este curso escolar he vuelto al aula después casi diez años de vida sindical y me he reencontrado con el maestro que nunca dejé de ser. Mis alumnos de La Solana de San Mateo me han devuelto el sentido del magisterio, el sentido del enseñante, el sentido de la vida.

Entre los libros que han estado leyendo los niños de las escuelas unitarias o rurales de Santa Brígida y San Mateo, se encuentra un libro previo a éste, (“Cleo, el caracol aventurero”) . Los niños lo han leído con gusto y alegría. Estuvo Joaquín hace un par de semanas en La Solana para que los niños lo conocieran. Para ellos conocer a un escritor de carne y hueso fue muy especial.

Quiero reflejar en esta presentación de “El cabozo volador”, la suerte que tenemos ahora mismo en Canarias de contar con la editorial Anroart, que dirige nuestro común amigo, Jorge Liria. Anroart www.anroart.com está permitiendo a muchos autores la posibilidad de sacar a la luz sus trabajos.

La literatura infantil y juvenil es la “cantera” (que dirían los futboleros) de los lectores adultos del mañana. Jorge lo sabe y está apostando seriamente por los escritores canarios. Esta inversión en futuro demuestra el carácter de la política editorial de Anroart. Estoy convencido de que el tiempo le dará razón por invertir en los jóvenes lectores.

Cuando leí “El cabozo volador” en voz alta, como mandan los cánones del buen narrador de historias, la idea de un viaje de iniciación, de un viaje de ida y vuelta para buscar algo y acabar encontrándose a uno mismo, del viaje a Troya y del no menos importante viaje de regreso a Ítaca, del imposible viaje de regreso a Ixtlán, del viaje para encontrase a uno mismo.

Leámos a
Konstantínos Kaváfis.
ÍTACA.

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


Nos sitúa Joaquín Nieto en la barra de la Playa de las Canteras, donde un cabocito chico quiere aprender a volar ¡oh, locura sin tino! En un pez destinado a vivir para siempre dentro de los charquitos de la marea vacía.

Emprende el cabozo su viaje más allá de la barra, lejos de su familia, lejos de su charquito, para encontrase con animales extraños, quizás peligrosos, incluso unos seres humanos que se entretienen en pescar animalitos en los charcos, para buscar quien le pueda enseñar los secretos del vuelo: Estos deben ser los peces voladores.

Cuando llega el aventurero cabozo, después muchas peripecias, llega a las altas mares, donde los peces voladores moran, se encuentra -¡oh, paradoja! Con un pez volador lento, un pez volador que no quiere ser pez volador. Este otro ser atormentado por no ser lo que le gustaría ser (aquí habría quizás que buscarle una historia propia) acaba desengañando al cabocito, que comprueba que no está concebido para el vuelo a ras de agua, emprendiendo su particular regreso a Ítaca.

Cuando el cabozo llega de vuelta a las calmadas aguas de la playa desde donde partió se encuentra con una gaviota que lo captura y…
Uno debe callarse el final y dejar que el lector lo descubra. Estoy seguro que los lectores infantiles van a disfrutar del viaje de “El cabozo volador” y alguno se acordará de él –quizás- cuando años más tarde se atreva con la Iliada o la Odisea.

¡Ójalá sea así!

Las Palmas de Gran Canaria

20 de mayo de 2008

1 comentario:

joaquinnieto dijo...

Muchas gracias Antonio por tus paalabras y tu presencia. seguiremos navegando en nuestra amistad hasta que Dios lo quiera y espero que sea por muchísimos años. Un fuerte abrazo y adelante con la afición. Joaquín